Prepara tu mente para fluir hacia un cuerpo más vital y saludable

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De Patricia Robiano y Pablo de la Iglesia*

 

Seguro te has planteado más de una vez el firme objetivo de verte y sentirte mejor con tu cuerpo cambiando tu alimentación y estilo de vida. Incluso, a esta altura sentirás plenitud de conocimientos que no logras bajar a la acción definitiva, ¿no es cierto?

Millones de personas cada año fijan una meta para sentirse más vitales y saludables. Sin embargo, la mayoría no llega a cumplir sus expectativas. A pesar de que algunas personas son capaces de lograr ciertos cambios al principio, estos suelen ser poco sostenibles a largo plazo. Entonces terminan de vuelta en el mismo estado con el que comenzaron, a veces incluso más presionadas y menos saludables que antes.

La peor parte del ciclo vicioso de establecer siempre una meta y no llegar a cumplirla es que se va generando un sentimiento de frustración que consume gran parte de la energía vital. El deseo por cambiar junto con una profunda sensación de descreimiento.

Por ello es importante aprender a fluir mentalmente hacia la incorporación de aquellos hábitos que harán que tengas un cuerpo mucho más vital, enérgico, delgado, saludable y feliz. Porque, si ya lo has intentado casi todo en relación con los cuidados de tu cuerpo y tu salud pero siempre te quedas en ≪los intentos≫, es probable que esa expectativa respecto de lo que ciertas dietas, medicamentos o recomendaciones deberían darte sea lo que te está haciendo caer en la trampa de los ≪quiero pero no puedo≫ o ≪no me funciona≫.

Desde pequeños vamos siendo ≪adoctrinados≫; cultural y socialmente se nos va enseñando a repetir más que a ser autodidactas de nuestra propia experiencia. Entonces nuestra madre, abuela o la persona que se encargaba de nuestra alimentación jamás desayunaba, y tenía dos opciones: obviar o darle muy poca atención al momento de nuestro desayuno (al igual que ellas), o, por el contrario, incentivarnos (u obligarnos) a desayunar con un eslogan del tipo ≪los niños tienen que desayunar para ponerse fuertes≫. Presionadas por esa sensación de ≪deber≫ más que por un ≪convencimiento≫ pleno.

Hoy sabemos que los niños toman el ejemplo de sus adultos, ¡y no cualquiera!, sino el práctico más que el teórico: si cuando chico observé que ese adulto responsable (al que consideré autoridad en el aprendizaje) jamás desayunaba, entonces, aunque me haga sentar en la mesa cada mañana, tenderé a relacionar que ≪de niño hay que hacerlo pero de adulto ya no es tan necesario≫. De esa manera es probable que no haya adquirido un verdadero hábito.

Piénsalo con todas las acciones que llevan a un hábito saludable: comer muchas frutas y vegetales frescos, sentarse a la mesa, masticar, comer variado, comer relajadamente, o con los hábitos de cuidados del cuerpo en general: ejercitarse físicamente, implementar momentos de ocio proactivo, etcétera.

Es común observar cómo los padres se preocupan por la distracción de sus niños y los llevan, por ejemplo, a la plaza. Mientras les explican cuan bueno es que jueguen, sociabilicen con otros niños y vayan a correr, como ejemplo práctico les muestran un adulto poco relajado, hablando enérgicamente por teléfono y sedentario (el niño anda en la bicicleta y el adulto se sienta a tomar un refresco y mirarlo, en lugar de acompañarlo). El problema es que, tal y como repetimos los beneficios de la experiencia de otros, también tendemos a quedar anclados en sus ideas, pensamientos y fallos.

Y así vamos por la vida copiando conductas. En casa, de pequeños, repetimos aquello que vemos y escuchamos de nuestros familiares. En el preescolar vamos tomando como verdaderos los mensajes que se nos ofrecen para alimentar o cuidar nuestro cuerpo: colaciones a base de infusiones con galletitas dulces y una clase de gimnasia con poca relevancia en lo que respecta al cuidado del cuerpo. En el colegio superior, los kioscos proveen, básicamente, comida y bebida ≪chatarra≫. Y si nos damos una vuelta por las universidades y por las calles, veremos la gran oferta de kioscos, puestos y vistosas maquinas expendedoras de golosinas: más y más ≪chatarra≫. ¡Ni que hablar de los centro de salud! ¿Prestaron atención al mensaje alimentario que hay en los hospitales y clínicas? Más y más kioscos y máquinas expendedoras de alimentos y bebidas toxicas.

Entonces pareciera que nos vamos educando, que vamos teniendo la posibilidad de elegir pero, ciertamente, se nos va adoctrinando, adiestrando para ver de manera repetida (y por todos lados) el mensaje: ≪Dondequiera que estemos (en la cola del ómnibus, en el hospital, en el colegio o en la calle) comer es posible≫. Y si comer descuidadamente es algo que todos hacen, cuidarse sería ¡cosa de locos! ¡Ja! Pavada de mensaje.

Tal y como actuamos en un área de nuestra vida actuamos en las demás, por lo que una vez que sintamos la necesidad de mejorar nuestro aspecto físico y nuestra salud, lo más probable es que salgamos con desesperación hacia la búsqueda de un buen mentor para, simplemente, repetir aquello que nos aconseja. Pero el problema no sería tal si el valioso mensaje que nos transmite el mentor llegara a nuestra conciencia, es decir, si se internalizara el sentido del ≪para qué≫ lo estamos haciendo. Pero suele pasar que los consejos van perdiendo fuerza con el paso de los días y, luego de un tiempo, aquellas recetas que creíamos salvadoras pasan, una vez más, a ocupar un lugar en la ≪papelera de reciclaje≫ interna.

Esta explicación le hace honor a una famosa frase de Albert Einstein: ≪Los problemas significativos que afrontamos no pueden solucionarse en el mismo nivel de pensamiento en que estábamos cuando los creamos≫. Es decir que si cada vez que conectamos con la necesidad de mejorar el estado de nuestro cuerpo nos vemos resueltos a repetir sin sentido cualquier fórmula que nos dicten (≪me dijeron que esa dieta, gimnasio, medicamento o libro me dará la solución≫) y olvidamos darnos primero una vueltita por nuestra mente y emociones (revisar qué patrón de pensamiento nos mueve hacia el descuido o la desorganización) entonces probablemente se consiga más de lo mismo: buenos resultados iniciales pero poco duraderos, alejándonos de la posibilidad de ir armando una fórmula de estilo de vida personal, propia, perfecta para nosotros.

 

* Autores del libro “Puesta a punto” (Urano)

www.edicionesuranoargentina.com