La actitud sanadora

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En el mundo de hoy somos inducidos a probar cientos de enfoques terapéuticos no convencionales que se autoproclaman mejores que la medicina ortodoxa; simultáneamente, la alopatía promociona sus avances con gran rimbombancia a través de todos los medios disponibles. A pesar de toda esta propaganda desde múltiples frentes, acumulamos fracasos que permiten el aumento de enfermedades degenerativas, sobrepeso, cardiovasculares, autoinmunes, etc.; la realidad es que los hospitales y centros de salud están cada día más repletos de gente, el gasto sanitario va en aumento y los resultados son profundamente desalentadores. Un ejemplo corriente son las dietas para bajar de peso que posibilitan a muchas personas vender cientos de miles de libros, complementos nutricionales, medicamentos y artilugios varios; cuando uno de estos recursos se pone de moda, nos encontramos con que a muchas personas les va bien y a otras les va mal, y esto es lógico, ya que somos unidades bioquímicas con necesidades que no están estandarizadas para soluciones universales; en cambio, cuando un libro o un guía enseña a comer saludablemente y alienta a la persona a realizar cambios profundos en su estilo de vida, se suelen obtener resultados más consistentes y duraderos. Lo mismo sucede con la salud y la enfermedad. Los requisitos para estar sano de una persona varían muchísimo con respecto a otra; por otro lado, las condiciones para recuperar la salud no serán las mismas para todos. Lógicamente, los médicos y terapeutas seguirán siendo buenos guías y consultores, pero podemos apreciar que la salud es cada vez más un problema personal en el que cada cual debe sintonizar con sus necesidades más profundas para encontrar las respuestas adecuadas a sus gustos, deseos y necesidades.

Hay sólidas evidencias estadísticas de que la gente feliz vive más y mejor; según el doctor Howard Friedman, de la Universidad de Chicago, «es un hecho que las personas que, desde el punto de vista psicológico, están sanas, viven más tiempo que aquellas que sufren trastornos». En el año 1975 se llevó a cabo un relevamiento de seiscientas sesenta personas de más de cincuenta años en Ohio; veintitrés años después fueron entrevistados nuevamente y resultó que aquellos que habían tenido una opinión positiva del envejecimiento tenían un promedio de vida superior en 7,5 años. De acuerdo con este resultado los investigadores concluyeron que «ser optimista tiene un impacto sobre la salud que supera el que produce una reducción de los índices de colesterol o un descenso controlado de la presión, que, según determinaron varios estudios, prolongan la vida alrededor de cuatro años. El aporte de la felicidad a la longevidad también supera en años al que hacen el ejercicio, el dejar de fumar y el mantener un peso saludable, que suman entre uno y tres años de vida»; incluso se consideraron factores como la raza, el sexo, la situación socioeconómica, el estado de salud, el comportamiento en general y el grado de soledad de los entrevistados, y aun así concluyeron que «el modo en el que se toma el inevitable envejecimiento tiene altísima correlación con la posibilidad de vivir una vida más prolongada».

La esencia de la vida es aprender y seguir el curso de la naturaleza evolutiva de esta existencia; bajo esta perspectiva es mucho más fácil transformar las situaciones difíciles en experiencias de aprendizaje que enriquecen y otorgan nuevos elementos para ser más felices cada día. De acuerdo con la experiencia profesional de los terapeutas que tienen una visión más amplia en la relación mentecuerpo, se suele afirmar que muchas veces un desequilibrio emocional tiene su correlato físico; de esta manera la enfermedad se transforma en un mensajero, un nuevo maestro en esta escuela llamada vida, y comprender el mensaje y la enfermedad nos coloca más cerca de su resolución, dándonos la posibilidad de enriquecer y equilibrar nuestra existencia. Es de esperar que aquellas personas que no tienen una relación fecunda consigo mismas, en el sentido de «darse cuenta» de sus reales sentimientos, tengan más dificultades para gozar de una buena salud; verse tal cual uno es, aun con sus emociones más oscuras y en las situaciones más difíciles, brinda la oportunidad de superación y, en definitiva, mayores posibilidades de realización y felicidad.

 

 

Del libro “Estimula tu inmunidad natural”, de Pablo de la Iglesia y Pablito Martin, Kepler (www.edicionesuranoargentina.com)