Un abrazo sincero es amar en todo sentido

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Puede que un abrazo no tenga la solución al problema que nos ocurre, que ni aleje o haga desaparecer lo que nos rodea, pero su magia recompone nuestras heridas, alivia nuestro sufrimiento y nos trasnmite que más allá de lo ocurrido, hay alguien que nos quiere y se preocupa por nosotros.

Porque un abrazo sincero es amar en todo sentido. Lo han decretado los científicos: abrazar es bueno para la salud. Y los estudios que avalan semejante afirmación, no son pocos.

Algunos especialistas ponen el acento en la liberación de oxitocina, llamada la hormona del amor, que se genera al dar un abrazo, y la sensación de bienestar que eso conlleva. Algunos más remarcan la incidencia del gesto a la hora de reducir la presión arterial. Desde el área de la psicología, enfatizan en cómo esa simple acción de rodear con los brazos a alguien tranquiliza, reconforta, calma la angustia y aleja los temores.

Más allá de todas estas bondades, lo cierto es que el abrazo se me antoja una de las manifestaciones amorosas, más nobles, más entrañables y más fuertes de que el ser humano es capaz.

Sea que se trate del que se prodiga una pareja, o el que enlaza a amigos, compañeros de ruta, o simples desconocidos unidos por una situación puntual; sea que denote amor, afecto, camaradería, apoyo o consuelo, nada hay comparable a ese fundirse con el otro, sin palabras, en silencio, en un gesto único e irrepetible que aleja, por un instante, todas las inclemencias del mundo.

Abrazar es acariciar el alma de la otra persona y proporcionarle un refugio entre nuestros brazos. Un gesto pequeño pero repleto de sentimientos que cura y recompone a nivel emocional. Abrazar es hablar el lenguaje del corazón.

 

Carlos Laboranti

Director Ejecutivo