Secretos para una alimentación equilibrada

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De Patricia Robiano y Pablo de la Iglesia*

Si hablamos de SALUD y de estrategias para cuidarla y mejorarla, el círculo siempre se abre y se cierra en la boca, especialmente en los alimentos que decidimos llevarnos a ella.

En los años en que nos dedicamos a cultivar un estilo de alimentación saludable, hemos abocado nuestro tiempo y experiencia práctica a transitar distintos caminos, y realmente no hemos encontrado uno en particular que podamos afirmar que es más útil que los demás; antes bien, nuestro desafío como profesionales y educadores en salud ha sido encontrar las vías apropiadas para cada persona que nos consulta o para nosotros mismos.

Las necesidades nutricionales varían de una persona a otra, e incluso debemos estar atentos porque nuestras propias necesidades también varían conforme pasa el tiempo o nuestros escenarios vitales van cambiando. El espectro de posibilidades es amplio: nos planteamos si comer con carne o sin carne; si somos vegetarianos debemos optar si con huevos y lácteos o sin ellos, o más aun, si incorporaremos alimentos cocidos o solo crudos, los cuales, en algunos casos, se limitan a la dieta de frutas únicamente.

Como podrá apreciarse, las posibilidades de servir la mesa son muy variadas y con el conocimiento apropiado el abanico de opciones saludables es amplio; por contrapartida, si no prestamos la debida atención al proceso, hasta las mejores intenciones pueden conducirnos al fracaso. Debemos contemplar también los gustos y objetivos de cada uno. Si nuestra alimentación requiere un gran esfuerzo por ingerir alimentos que no nos resultan agradables y exige una gran voluntad de nuestra parte durante mucho tiempo, difícilmente la toleremos a la larga. El equilibrio entre salud y placer puede ser contemplado en cualquier dieta; por supuesto, considerando el estado de cada uno, a veces tendremos que ser más exigentes y otras podemos permitirnos un margen de flexibilidad.

Los objetivos personales también son diversos y hay quien deseará mantenerse cerca del peso adecuado, otros que desearán lograr un máximo desempeño físico y alguien que puede estar luchando entre la vida y la muerte con el propósito de curar una enfermedad diagnosticada como terminal. ¡Las motivaciones y los tiempos son muy diferentes y es importante que respetes los tuyos!

Pero en general, el proceso de planificación de nuestra alimentación debe contemplar la prevención de enfermedades relacionadas con la dieta, tales como la obesidad, la diabetes, el colesterol, entre otras, y la preferencia de alimentos con el menor proceso posible, incluso privilegiando aquellos de agricultura biológica (con lo cual no solo cuidamos nuestra salud sino también el medio ambiente, de tal modo que toda nuestra vida adquiere un compromiso social). En pocas palabras, se trata de encontrar una forma de alimentarnos que nos proporcione salud y placer, satisfaga nuestras necesidades físicas y nuestros objetivos vitales y que tenga el mejor impacto posible tanto en nuestra vida como en la integridad planetaria y social. Con el tiempo hemos descubierto que aquello que realmente es bueno para uno mismo, contemplándonos como una unidad cuerpo-mente-alma y en unidad con la existencia, es bueno para todos.

* Autores del libro “Puesta a punto” (Urano)

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