Retener o soltar

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Durante toda nuestra vida, desarrollamos con fineza el arte de retener, de apegarse, de no soltar. Ese arte que desarrollamos hasta extremos dignos del mejor propósito serán los basamentos de nuestro sufrimiento y no ocurrirán sin un refinamiento que irá mejorando con el tiempo; añejándose como si se tratase de una buena bebida espirituosa.

El arte de apegarse es opuesto al arte de soltar.  El proceso de construcción de un aferramiento mental empieza desde la propia venida a esta vida y se caracteriza por procesos paulatinos de adquisiciones, que serán adquisiciones no solo físicas (de objetos, de cosas), sino adquisiciones de procesos (o patrones de pensamiento) que se incluirán en nuestra mente, condicionándola y haciéndola condicionada.

La adquisición de cada proceso de aferramiento (con exclusión, quizás, de los procesos más instintivos y básicos, como los que tienen que ver con la supervivencia) se montará sobre procesos anteriores y requiere no solo de un sistema neurobiológico adecuado sino también de la producción de determinadas sustancias de la química cerebral (que incluirán neurotransmisores y determinadas hormonas y sus metabolitos) que harán paulatinamente más perfectos a los procesos de aferramiento.

Cuando se entienden los procesos de desarrollo del arte del aferramiento puede, comprensiblemente, sentirse cierto grado de desazón y desesperanza para con la posibilidad real de poder soltar, del desarrollo del arte de no apegarse. Esa desesperanza adquirida (tal como puede ser justamente denominada) es comprensible, como se ha dicho, pero debe encararse y enfrentarse con determinación y decisión. No es infrecuente que, cuando se acerca la gente a la temática de cómo saber soltar, se entrevé un largo y fatigoso camino por delante en el que no habrá mucha chance para poder vivir de otro modo y se concluirá, casi indefectiblemente, que soltar es para otros. Eso no es cierto.

Soltar es sencillo, aunque requiere práctica. Como casi todo en la vida. Y si nos lleva el resto de nuestra existencia aprender y aprehender el arte de soltar, se tratará de una acción cuyas consecuencias mediatas e inmediatas no pueden dejar de percibirse como muy beneficiosas desde los comienzos. “Soltar el opuesto de retener, soltar es darnos la posibilidad de ser nosotros mismos sin posesiones de diversos diversas índoles, es poder ser y dejar ser, es permitir y permitirse, es ser un todo particular conformando un todo universal…”

 

CARLOS LABORANTI. Director Ejecutivo