Las bicisendas se han convertido en un elemento clave para fomentar la movilidad sustentable y brindar mayor seguridad a quienes eligen la bicicleta como medio de transporte. Pensadas para ordenar la circulación y reducir riesgos, su uso responsable resulta fundamental para prevenir accidentes y favorecer una convivencia armónica en la vía pública.
Desde las áreas vinculadas a la seguridad vial se recuerda la importancia de adoptar medidas básicas de protección. El uso del casco es indispensable, ya que constituye la principal herramienta de seguridad personal ante cualquier eventualidad.
Asimismo, se recomienda circular siempre por la derecha y respetar el sentido de la bicisenda, una norma esencial para evitar cruces peligrosos y facilitar la convivencia tanto con otros ciclistas como con peatones. Señalizar los movimientos con la mano —ya sea para girar, frenar o cambiar de dirección— es otra práctica clave que permite anticipar maniobras y reducir situaciones de riesgo.
Durante la noche o en condiciones de baja visibilidad, el uso de luces es obligatorio: una luz blanca en la parte delantera y una roja en la trasera, garantizando así que el ciclista sea visto por el resto de los usuarios de la vía pública.
Promover el respeto de estas recomendaciones no solo mejora la seguridad individual, sino que también contribuye a construir una ciudad más ordenada, segura y responsable. Disfrutar de la bicicleta implica cuidarse y cuidar a los demás, apostando a una movilidad más saludable y sustentable para toda la comunidad.




