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Orgullo loberense: cuando la ciencia local marca el rumbo de la salud pública

El trabajo de José María Massa y su equipo en la Unicen, ejemplo de innovación que merece trascender las fronteras regionales.

En tiempos donde los grandes medios suelen mirar para nuestra región solo para amplificar las noticias policiales o los accidentes, resulta imprescindible dar visibilidad a las historias que enaltecen el conocimiento y la investigación científica. Una de ellas es la que protagoniza el ingeniero en Sistemas y doctor en Matemática Computacional, José María Massa, loberense que dirige un grupo de investigadores de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen).

Desde hace más de dos décadas, el Grupo de Visión Computacional Aplicada del Intia trabaja en Tandil en el análisis de imágenes médicas. A través de algoritmos avanzados que combinan matemática, informática e inteligencia artificial, los científicos locales buscan detectar tempranamente la osteoporosis y optimizar la planificación de tratamientos de radioterapia en pacientes con cáncer. Se trata de un aporte concreto a la salud pública, nacido en nuestra región y con proyección internacional.

No puedo dejar de sentir orgullo al ver a José María, a quien conozco desde la niñez, liderando este equipo con la misma humildad e inteligencia que siempre lo caracterizaron. Su labor demuestra que, cuando se apuesta por la educación pública y el financiamiento a la investigación universitaria, surgen soluciones que impactan directamente en la calidad de vida de las personas.

Este ejemplo debería ser destacado por los medios nacionales, porque refleja la importancia de sostener y fortalecer la ciencia local. Los investigadores que hoy desarrollan estas herramientas muchas veces lo hacen con recursos limitados y salarios que no se corresponden con la magnitud de su aporte. Sin embargo, su compromiso y vocación logran abrir caminos hacia un futuro donde la tecnología se pone al servicio de la salud.

La historia de José María Massa y su equipo es un recordatorio de que la verdadera transformación social también se construye desde los laboratorios y las universidades públicas, y que el apoyo estatal es clave para que estas iniciativas puedan crecer y multiplicarse.

Más allá del impacto científico, este trabajo también tiene un profundo valor simbólico para nuestra comunidad: demuestra que desde ciudades como Lobería y Tandil se pueden generar desarrollos de alcance global, capaces de mejorar la vida de miles de pacientes. Es la prueba de que el talento y la dedicación no reconocen fronteras y que la ciencia argentina, cuando se le da espacio, puede estar a la vanguardia.

Por eso, es fundamental que la sociedad en su conjunto reconozca y acompañe a estos investigadores. Invertir en ciencia y tecnología no es un gasto, es una inversión en futuro, en salud, en educación y en soberanía. La labor de Massa y su equipo nos recuerda que detrás de cada avance hay personas que, con esfuerzo y pasión, trabajan para que el conocimiento se traduzca en bienestar.

Carlos Laboranti, director ejecutivo.

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