Marchas, reclamos, piquetes y una grieta que se realimenta

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En las últimas semanas, los medios de comunicación han estado inundados con información referida a las diferentes manifestaciones populares; algunas motivadas por alguna fecha en particular, otras por diferentes reclamos y otras para defender la democracia y las instituciones.

En ese sentido, sin considerarme un analista político ni mucho menos, creo necesario hacer algunas consideraciones desde el lugar de un ciudadano común.

En principio, me parece muy positivo que la gente se manifieste, que salga a la calle libremente, que exprese sus reclamos, que defienda una posición o que sea crítico con quien lo crea.

Dicho esto, creo interesante puntualizar sobre las distintas manifestaciones que se han realizado durante el último tiempo.

Por un lado, los maestros llevaron a cabo un par de marchas masivas, pidiendo por la apertura de paritarias a nivel nacional y una recomposición salarial. En este tema, creo que las consideraciones a realizar son más referentes al conflicto puntual que a las movilizaciones en sí, puesto que las mismas fueron en un marco de reclamo pero sin ningún tipo de incidentes. A esta altura, después de un mes de conflicto y ninguna solución cercana, es necesario que el gobierno y los gremios se den una “tregua” que permita que los alumnos comiencen las clases y se tenga continuidad. Los propios docentes eligieron no continuar con los paros y de esta manera, con los chicos en las aulas, podrán continuar con la negociación y llegar a una solución que es de esperar, sea con el aumento salarial que los docentes merecen y de ser posible, un verdadero y profundo cambio del sistema educativo.

El 24 de marzo, en el Día de la Memoria, se produjo otra notable movilización popular, que debía ser en repudio al Golpe de Estado iniciado en 1976 y en homenaje a los desaparecidos. Es una situación que uno cree debería generar coincidencias totales, pero es aquí dónde me gustaría detenerme un instante, puesto que un acto que debería ser “de todos”, se transformó este año en un acto político partidario. En Capital Federal y en varias ciudades del interior, pareció hacerse más hincapié en criticar al gobierno de Mauricio Macri que en recordar a los desaparecidos.

Siguiendo la recorrida por los movimientos que se registraron en marzo, también fueron noticia los piquetes y acampes que se dieron en distintos lugares. Aunque en este caso se tratara de grupos reducidos de personas, causaron un gran malestar en la gente que vive en esas zonas, puesto que cortaron calles, impidiendo por ejemplo, que la gente llegara a sus lugares de trabajo. Uno entiende y apoya los reclamos de aquellos que la están pasando mal, pero no puede respaldar que la protesta sea en perjuicio de otros ciudadanos, los cuales contribuyen con sus impuestos y aportes sociales a que el gobierno a través de los fondos públicos canalice los reclamos sociales.

Por último, la más reciente de todas las marchas fue la que se realizó el 1º de abril. En ese sentido, creo necesario decir que desde mi punto de vista, nunca estuvo en riesgo la democracia. No lo creí en épocas de Cristina, cuando el entonces oficialismo tildaba de “destituyente” a cada marcha de la oposición, y no lo creo ahora, cuando el macrismo ve “fantasmas” en cada reclamo. Seguramente en esas marchas existen quienes desean que el presidente se vaya en helicóptero, pero estoy convencido que la sociedad ha alcanzado una madurez que de ninguna manera lo permitiría. Más allá de este pensamiento y siendo consecuente con lo que expresé en el comienzo de la nota, me pareció positivo que la gente se expresara y más teniendo en cuenta que nunca está demás expresar la defensa al sistema democrático.

Luego de puntualizar pensamientos referidos a cada una de las movilizaciones, he notado que en unas y otras hay una coincidencia: la intolerancia, la agresividad y el odio con el cual se refieren al “otro”, al que “piensa distinto”, al presidente, a la ex presidenta… La grieta, lejos de cerrarse, parece estar realimentándose…

 

CARLOS LABORANTI

Director Ejecutivo