La vida del consumo

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En medio de la situación de la crisis que atravesamos los argentinos, las grandes empresas intentan fomentar sus ventas a través de grandes promociones. Estamos acostumbrados a recibir ofertas de las empresas de artefactos electrónicos, celulares, de supermercados, entre otros. Lo cierto es que vivimos en una sociedad de consumo constante, en donde pareciera imposible perderse la oferta del momento. ¿qué pasaría si nos perdemos eso que se nos exige consumir? ¿Cuál sería la consecuencia? ¿De qué nos arrepentiríamos?

Lo cierto es que, hoy en día, se compra de forma casi obsesiva. Es decir, si los placares están por rebalsar de ropa y si nos compramos una y otra remera más no es porque realmente la necesitamos sino porque ha generado una pulsión por el consumo. Compramos porque podemos comprar y porque nos hemos acostumbrado a rotar nuestro armario una y otra vez.

También es cierto que Internet ha hecho las cosas más fáciles y ha empujado a los ciudadanos a esta modalidad de comprar y comprar. Las cosas están ahí, esperando, a un solo clic de distancia, esperando para ser adquirida. El miedo a perderse algo, ¡Tengo que comprarlo antes de que se acabe!, ha generado nuevas posiciones. Uno siente que todo es muy barato, o mucho más barato de lo que debería ser, y por eso compra.

El fenómeno del consumo atraviesa la vida de cada uno de nosotros. La producción y creación de nuevas necesidades, donde su objetivo primordial es confundir a la población de que lo normal y adaptable es consumir sin control. Sin duda, la adaptación de nuevos y atractivos productos al mercado es una ilusión de la cual la mayoría de las personas se respalda para ocultar alguna carencia en su persona.  Una vez dentro del ‘circo del consumo’, un sinfín de productos, anuncios, ofertas y posibilidades se aparecen ante los ojos del individuo, que, abrumado por todas esas luces, sonidos e imágenes, se siente incapaz de evitar comprar alguno de los productos que tiene ante él. Muchas veces incluso, la falsa necesidad se crea segundos después de ver por primera vez un producto. Verlo en la vidriera de un local y darse cuenta de que es indispensable para poder seguir caminando por la calle. ¿Cómo he podido vivir sin esto? Pocas semanas después, el objeto en cuestión estará olvidado en algún baúl, o quizás estropeado y tirado a la basura.

Carlos Laboranti, Director Ejecutivo