La morosidad financiera dejó de ser un problema aislado para transformarse en un fenómeno social de alcance nacional. Hoy, casi 6 millones de personas se encuentran atrapadas en un círculo de deuda que no pueden afrontar. La mora bancaria se quintuplicó en el último año y medio, alcanzando niveles récord en más de dos décadas.
El debate sobre la falta de intervención estatal se instaló en la agenda pública. El Gobierno reconoce la gravedad del problema, pero decidió no implementar medidas de asistencia directa. La primera plana oficial sostiene que se trata de “una cuestión entre privados” y que intervenir implicaría un “riesgo moral” al destinar recursos públicos para salvar bancos y deudores. El presidente Javier Milei fue categórico: “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”.
La frase es tan contundente como insuficiente. Porque si bien nadie obliga a endeudarse, lo cierto es que hoy los créditos se toman para pagar la luz, el gas o la comida, no para comprar una casa o un auto. Las billeteras virtuales ofrecen préstamos al alcance de un click, con tasas altísimas que terminan atrapando a quienes buscan apenas sobrevivir.
El mapa de la deuda en la región
La crisis no es ajena a nuestra zona. Un informe de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA) muestra que Lobería lidera la morosidad en el interior bonaerense, con una tasa del 25,55 por ciento. El panel específico indica que el 26,99 por ciento de las personas están en mora.
Balcarce también exhibe un nivel preocupante, con una tasa del 14,14 por ciento, Necochea registra un 11,54 por ciento y Tandil alcanza el 11,01 por ciento. Estos porcentajes indican, según el informe, que Lobería está en rojo, Balcarce en naranja y Necochea y Tandil en amarillo.
En contrapartida, San Cayetano aparece como un caso excepcional, con apenas 6,44 por ciento de tasa de mora, siendo uno de los distritos con menor mora de toda la provincia.
El contraste es evidente: mientras algunos municipios logran contener la situación, otros muestran un deterioro alarmante.
La deuda como síntoma de un modelo agotado
La deuda no es solo un número en una planilla. Es el reflejo de un modelo económico que no logra contener a su gente. Endeudarse para llegar a fin de mes es la radiografía más cruda de una crisis que atraviesa hogares de todo el país.
El Gobierno nacional insiste en que se trata de un problema entre privados. Pero cuando la deuda se contrae para subsistir, el Estado no puede mirar hacia otro lado. Y tampoco los gobiernos locales de los distritos más afectados, que deben preguntarse: ¿Está fallando la política productiva? ¿Se apoya lo suficiente a los emprendedores? ¿Los salarios municipales acompañan la realidad o quedaron demasiado atrás?.
El desafío: repensar la estrategia
La morosidad creciente es una alarma que exige respuestas. No se trata de salvar bancos ni de premiar irresponsabilidades, sino de evitar que la deuda se convierta en un mecanismo de exclusión social.
El desafío para las autoridades es claro: fortalecer la producción, garantizar empleo digno y transformar el crédito en una herramienta de inclusión. Porque mientras los vecinos se endeudan para sobrevivir, el país se enfrenta a una disyuntiva histórica: seguir mirando hacia otro lado o construir un modelo que contenga a su gente.
Carlos Laboranti, director ejecutivo




