En el día de hoy, los argentinos volvemos a las urnas por segunda vez en menos de dos meses, en una jornada electoral que, aunque pueda parecer menor, reviste una importancia fundamental para el presente y el futuro institucional del país. A diferencia de las elecciones de septiembre, esta vez no se eligen autoridades locales, sino que se vota exclusivamente para renovar las bancas de diputados nacionales.
Además, esta elección tiene una particularidad histórica: por primera vez se utilizará en todo el país la boleta única de papel, un sistema que busca mayor transparencia, equidad y agilidad en el proceso electoral. Se trata de un cambio significativo que exige a la ciudadanía informarse sobre su funcionamiento, pero que también representa un avance en la calidad democrática.
Sin embargo, esta novedad convive con un desafío preocupante: la apatía ciudadana. En los comicios anteriores, donde también se elegían concejales y consejeros escolares, se registró el porcentaje de participación más bajo desde el regreso de la democracia en 1983. Hoy, sin ese componente de cercanía que suelen tener las elecciones municipales, existe el riesgo de que el desinterés sea aún mayor.
Como lo he hecho en otras oportunidades, vuelvo a hacer un llamado a la ciudadanía: participemos, hagámonos escuchar, ejerzamos nuestro derecho al voto. Es la herramienta más poderosa con la que contamos en democracia. No hay excusas válidas cuando se trata de decidir el rumbo del país.
Las elecciones legislativas, como la de hoy, suelen ser subestimadas por una parte del electorado. Al no elegirse presidente, gobernador ni intendente, muchos creen que su impacto es menor. Nada más lejos de la realidad. Hoy se elige a quienes tendrán la responsabilidad de debatir y sancionar las leyes que regirán nuestra vida cotidiana. Son los legisladores quienes aprueban presupuestos, controlan al Poder Ejecutivo y definen el marco legal de nuestras instituciones.
Si estás de acuerdo con el gobierno, tu voto puede fortalecer su capacidad de gestión, eligiendo diputados que acompañen sus proyectos. Si no estás de acuerdo, tu voto puede servir para equilibrar el poder, eligiendo representantes que ejerzan un control firme y responsable. Ambas opciones son legítimas. Eso es la democracia.
Por eso, una vez más, insto a cada ciudadano a acercarse a las urnas y emitir su sufragio. No dejemos que otros decidan por nosotros. No renunciemos al derecho (y al deber) de participar. Hoy, más que nunca, la democracia necesita de nuestra presencia activa.
Carlos Laboranti, director ejecutivo.




