Las elecciones del domingo pasado dejaron una postal inédita en el mapa político de nuestra región. Por primera vez en más de una década, el radicalismo, que había sido el actor dominante en municipios como Lobería, San Cayetano, Tandil, Balcarce, Rauch y Ayacucho, vio fracturada su hegemonía. El resultado fue un escenario plural, con ganadores de distintos partidos políticos, y un mensaje claro de la ciudadanía: el ciclo de continuidad sin fisuras está siendo cuestionado..
La única excepción fue San Cayetano, donde la UCR liderada por Miguel Gargaglione volvió a imponerse con contundencia. Desde 2007, el intendente ha ganado todas las elecciones ejecutivas y legislativas, y esta vez reafirmó su liderazgo con una victoria clara. Su gestión, sostenida en eficiencia y cercanía, parece resistir el desgaste que afecta a otros oficialismos.
En Lobería, la UCR también logró ganar, pero lo hizo con una diferencia mínima y una pérdida significativa de votos respecto a elecciones anteriores, a manos de La Libertad Avanza, que incluso logró ingresar un concejal, lo que a su vez evidencia que el electorado está buscando nuevas alternativas. Aunque el radicalismo mantiene la mayoría en el HCD, el resultado deja más dudas que certezas sobre su futuro.
En el resto de las localidades, el panorama fue radicalmente distinto. En Tandil y Balcarce, los intendentes Miguel Lunghi y Esteban Reino sufrieron derrotas por primera vez, un hecho que sorprendió a propios y extraños. Lo mismo ocurrió en Ayacucho y Rauch, donde el radicalismo también cedió terreno. Fuerza Patria y La Libertad Avanza, lograron en estos distritos capitalizar el descontento y la necesidad de renovación.
Necochea, gobernada por el partido vecinal Nueva Necochea, tampoco escapó a la tendencia. Los candidatos del intendente Arturo Rojas fueron superados por las dos fuerzas mencionadas, lo que confirma que el fenómeno trasciende siglas partidarias y responde a una demanda más profunda de cambio.
Es cierto que parte de estos resultados pueden explicarse por la nacionalización de la elección. Los candidatos de la UCR, bajo el sello Somos Buenos Aires, compitieron con una estructura debilitada en la Provincia, frente a un peronismo revitalizado (Fuerza Patria) y una LLA que arrasó en la Quinta Sección Electoral. Pero reducir el análisis a esa dimensión sería simplificar un proceso más complejo.
Lo que ocurrió el domingo fue, en muchos casos, un llamado de atención a las gestiones locales. La continuidad prolongada, incluso cuando ha sido eficiente, puede generar desgaste, desconexión y una necesidad de aire fresco. En Lobería, por ejemplo, aunque el intendente cambió, la gestión mantiene una línea de continuidad radical desde 2015. Ese modelo, que supo ser exitoso, hoy enfrenta una ciudadanía más exigente y menos predecible.
Por otro lado, el crecimiento de Fuerza Patria merece especial atención. Tras años de derrotas consecutivas en nuestra zona, logró imponerse en Tandil, Rauch y Ayacucho, y mostró una recuperación significativa en Necochea y Lobería, donde quedó cerca de dar el batacazo. Su consolidación como fuerza competitiva en la región abre un nuevo capítulo en la disputa territorial.
También La Libertad Avanza se posicionó como actor clave. Ganó en Necochea y Balcarce, fue segundo en Tandil, y logró representación en el Concejo Deliberante de Lobería, rompiendo con una década de bipartidismo. Su irrupción obliga a reconfigurar estrategias y releer el mapa político con mayor profundidad.
En definitiva, lo que dejó esta elección es una región en transición, donde los oficialismos ya no tienen garantizado el respaldo, y las nuevas fuerzas comienzan a ocupar espacios que antes parecían inalcanzables. El mensaje de las urnas fue claro: la ciudadanía quiere ser escuchada, quiere alternativas y está dispuesta a cambiar. Los próximos dos años serán decisivos para saber si los oficialismos logran reinventarse o si el cambio ya está en marcha.
Carlos Laboranti, director ejecutivo




