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El Casino de Necochea: entre la ruina y la esperanza

La subasta del histórico complejo abre un debate sobre memoria, inversión y futuro urbano.

El municipio de Necochea dio un nuevo paso administrativo en el camino hacia la subasta del Complejo Casino, un edificio que marcó la identidad turística de la ciudad desde la década del 70 y que hoy, tras años de abandono, incendios y vandalismo, se presenta como una ruina que exige definiciones.
El sorteo público realizado este viernes, que designó a los martilleros titulares y suplentes encargados de conducir el remate, simboliza el inicio de una etapa decisiva. Sin embargo, el proceso no está exento de tensiones: sectores de la oposición cuestionan la ordenanza que habilita la venta y advierten sobre los riesgos de perder un patrimonio emblemático.
Lo cierto es que el Casino de Necochea ya no es aquel imán de visitantes que durante más de cuatro décadas sostuvo parte de la economía turística local. Hoy, apenas una pequeña sala de juego mantiene viva la actividad, mientras el resto del complejo se deteriora a la vista de todos. La decadencia y la desidia han sido las marcas de los últimos años, con intentos frustrados de recuperación y falta de inversores dispuestos a asumir el desafío.
La subasta, que podría generar millones de dólares para el municipio, abre la puerta a un futuro de torres, comercios, piscina, teatro y casino, siempre que la Dirección Provincial de Ordenamiento Urbano y Territorial autorice mayores alturas y densidades en el predio. En ese escenario, el inversor no podrá ofrecer menos de 6.504 millones de pesos (unos 4,4 millones de dólares), y deberá mantener la actividad de casino, garantizando puestos de trabajo y continuidad en un rubro históricamente ligado al turismo.
Más allá de los números, el debate es cultural y político. El Casino fue durante décadas un símbolo del crecimiento turístico de Necochea, un espacio que albergó espectáculos, encuentros sociales y que se convirtió en referencia arquitectónica de la ciudad. Su deterioro no solo refleja la falta de inversión, sino también una ausencia de políticas sostenidas para preservar el patrimonio urbano.
La discusión sobre su futuro enfrenta dos miradas: quienes consideran que la demolición y el desarrollo privado son inevitables para revitalizar la zona, y quienes sostienen que el edificio debería ser recuperado y preservado como parte de la memoria colectiva. En ese cruce de posiciones se juega también la identidad de Necochea como destino turístico, que busca reinventarse en un contexto de competencia regional.
El desafío será encontrar un equilibrio entre la necesidad de inversión y el respeto por la historia. Si la subasta prospera y los proyectos se concretan, el Casino podría transformarse en un nuevo polo de atracción, con infraestructura moderna y servicios que acompañen la demanda actual. Pero si el proceso se dilata o fracasa, el riesgo es que el edificio continúe siendo un testimonio de ruina, un recordatorio de lo que la ciudad supo tener y perdió.
En definitiva, el Complejo Casino se encuentra en una encrucijada: o renace como motor de desarrollo urbano y turístico, o se consolida como símbolo de abandono. La decisión que se tome marcará el rumbo de Necochea, entre la memoria de lo que fue y la esperanza de lo que puede volver a ser.
Carlos Laboranti, director ejecutivo
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