Diciembre es un mes que siempre nos invita a reflexionar. No solo porque marca el final de un año, sino porque también se convierte en un momento de cierre de etapas que dejan huellas imborrables en la vida de las personas. Esta semana, las escuelas se llenaron de actos de egreso, de despedidas y de nuevos comienzos.
Los más pequeños dejan atrás el Nivel Inicial para iniciar la aventura del Primario, con mochilas cargadas de ilusiones y la curiosidad intacta. Los adolescentes que concluyen la secundaria se preparan para dar el gran salto hacia la vida adulta, un salto que implica decisiones trascendentes: elegir una carrera, aprender un oficio, buscar un trabajo, comenzar a forjar un futuro.
Las redes sociales se transformaron en un espejo de estas emociones. Se inundaron de fotos de rostros húmedos por la emoción, de padres orgullosos, de docentes que despiden con ternura y de jóvenes que miran hacia adelante con la ilusión intacta. Cada imagen es un testimonio de crecimiento, de sueños que empiezan a tomar forma, de caminos que se bifurcan hacia nuevas oportunidades.
La secundaria, esa etapa inolvidable que combina amistad, descubrimientos y aprendizajes, se despide para dar paso a un nuevo capítulo. Es la vida misma que transcurre, como alguna vez nos pasó a nosotros y hoy lo vemos reflejado en nuestros hijos, sobrinos y amigos.
Desde este lugar, el deseo es claro: que cada joven encare lo que viene con personalidad, firmeza y decisión. Que comprendan que nada se logra sin esfuerzo, pero que todo esfuerzo vale la pena cuando se trata de alcanzar los propios sueños.
Diciembre nos recuerda que cerrar etapas no es un final, sino la puerta hacia nuevos comienzos. Y en cada egreso, en cada lágrima y en cada sonrisa, late la esperanza de un futuro mejor.
Carlos Laboranti, director ejecutivo.




