Belleza y vida saludable, los consumos aspiracionales que resisten a la crisis económica

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En momento de crisis económica y caída del poder adquisitivo, hasta los sectores con mayores ingresos —el 17% ubicado en la parte más alta de la pirámide social— se ven obligados a realizar recortes en sus gastos. Pero, ¿cuáles son aquellos consumos que aun no se resignan a abandonar? Según los expertos, hoy se aferran más a «estilos de vida» que a una marca o lujos en particular.

«Además de los objetos materiales, lo aspiracional pasa también por todo lo que se consume para ser. En los jóvenes se puede ver en el crecimiento de la alimentación más saludable, el movimiento vegano, el uso de aplicaciones para practicar yoga o meditar. No se resigna una alimentación saludable, el cuidado personal o una buena conectividad. Por supuesto, siempre hablando de los niveles económicos que pueden, el resto tiene que resignar todo», señaló Mariela Mociulsky, directora de Trendsity, consultora de investigación y tendencias.

Por eso, a pesar de la crisis económica, se habla de un momento de «consumo expresivo», que incluye también a los consumos culturales (las películas que hay que ver, las series que hay que seguir). «Los consumos culturales son los que hoy ayudan a una persona a construir la imagen que quiere proyectar. Como te gustaría verte en el espejo a los ojos de otros. Son como una prótesis de la identidad. Lo interesante no es solamente lo material», explicó la especialista.

Según un relevamiento de la consultora, hubo recortes en rubros como las salidas y el entretenimiento (75% de los consultados), turismo y vacaciones (65%), indumentaria y calzado (60%), electrodomésticos (46%), mantenimiento del hogar (45%), alimentos y bebidas (40%). «Las categorías vinculadas al placer o indulgencia son las más perjudicadas. Por su parte los bienes durables y reparaciones también sufren el ajuste. Y la salud y la educación, que siempre han sido del grupo de ‘intocables’, sin embargo comienzan incipientemente a rankear dentro del listado de ajustes al bolsillo por su alta incidencia dentro del gasto familiar», detallaron.

Entretenimiento, uno de los rubros en baja (@INCAA.Argentina)

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«Por ejemplo, en los sectores de ingresos altos, se dan más vueltas para no gastar en estacionamiento, se va a comer afuera pero con menos frecuencia y se cocina más en las casas o se alternan marcas caras con otras que no lo son tanto. Se baja la frecuencia de algunos consumos que antes no se pensaban tanto pero no se quieren abandonar», indicó Mociulsky.

Consultado sobre la mutación de los consumos aspiraciones en tiempos de crisis, Fernando Moguier, experto en tendencias de consumo, señaló también a la calidad de vida como una nueva forma de estatus social. «En un escenario de recorte, en donde la gran mayoría declara haber reducido sus consumos para equilibrar el presupuesto, en donde las compras son pensadas y evaluadas según necesidad y coherencia de precio, en donde no hay permiso social para el consumismo; surge la calidad de vida socialmente avalada, que tiene que ver con la salud y el bienestar físico, una calidad de vida políticamente correcta«, señaló.

Un ejemplo de esto es que en momentos de achique se multiplican las opciones light en la góndola: las marcas buscan destacar sus ingredientes puramente naturales, se desarrollan lácteos especializados reforzados con vitaminas, con calcio, con hierro y los cereales y sus derivados multiplican presentaciones y empaques.

Entre los jóvenes crecen las opciones de comida vegana

Entre los jóvenes crecen las opciones de comida vegana

«La crisis no sólo es un momento de restricción material, es también un momento de transformación de los valores de una sociedad y el consumo está relacionado con la disponibilidad de dinero y el permiso social para hacerlo. En el primer plano, si bien los sectores de mayores ingresos tienen mayor resistencia de bolsillo, las restricciones económicas no son solo absolutas sino también relativas. Y existen algunos temores que están afectando la restricción, como el miedo a perder el empleo, el temor a no lograr los objetivos o aumentos o variables macro como el dólar u otras inestabilidades del mercado local«, agregó Moiguer.

Sin embargo, advirtió que la agenda de «categoría» de consumos sofisticados es la misma: desde la calidad de vida hasta el cuidado del cuerpo y la salud, pero  lo que varía es el gasto total y la variedad de industrias que entran dentro de ese cuidado.