Ajustes sin sensibilidad social

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“Es de esperar que el presidente y sus funcionarios reflexionen, recapaciten y, como en varios temas ya, den marcha atrás con esta medida”.

Esta frase la escribí desde la impotencia e indignación que me generó el hecho de que el gobierno decidiera desempolvar un viejo decreto firmado un par de décadas atrás por el entonces presidente Carlos Menem, para dar de baja o suspender miles de pensiones a personas con diferentes discapacidades.

Por suerte, antes de que esta reflexión fuera publicada, la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, anunció la decisión del gobierno de dar marcha atrás con esta medida, aclarando que habrá una revisión caso por caso para determinar quiénes no deberían recibir ese beneficio.

Evidentemente, el presidente y sus funcionarios recapacitaron, reflexionaron, tal como yo pedía en esa editorial que no llegó a ser publicada, seguramente empujados por el descontento popular generalizado que había producido la medida.

Las redes sociales se inundaron de mensajes de desacuerdo, se realizaron movilizaciones populares, el papa Francisco envió su mensaje y todos los dirigentes de la oposición e incluso de gente del propio partido gobernante, pidieron por la restitución de las pensiones.

Es cierto que existen muchas pensiones mal otorgadas y está bien que deban revisarse, lo que no podía aceptarse es que el gobierno las diera de baja sin previo aviso y sin analizar profundamente cada caso, aclarando que si se había cometido un error las mismas se restablecerían.

En todo caso, el error aceptable es que quedara una pensión mal otorgada, pero nunca podía aceptarse que la equivocación fuera que se deje sin ese beneficio a alguien que calificaba para la misma.

Por eso lo que informó la ministra Stanley, que se analizaría caso por caso, es lo que se debió realizar desde un principio. No se puede manejar un tema tan sensible, simplemente cotejando planillas, sin conocer las historias que hay detrás de cada uno de las personas.

Este tipo de decisiones no se pueden tomar sólo cruzando datos detrás de una computadora, sin analizar puntualmente cada caso. No es posible cometer errores con quienes son los más vulnerables de la sociedad. Es inaceptable e indignante.

Es hasta insultante que pocos días después de que los diputados se aumentaron descaradamente los sueldos, el gobierno haya realizado (más allá de la marcha atrás posterior) un ajuste con los discapacitados. Podría haberlo realizado, sin ir más lejos, con las jubilaciones de privilegio.

Es vergonzosa la justificación del titular de la Comisión Nacional de Pensiones Asistenciales, Guillermo Badino, quien afirmó que “una persona con síndrome de Down no es sujeto de derecho de esta pensión. Puede trabajar si lo deseara, quizás le pueda caber la Asignación Universal por Hijo”.

Es verdad que algunas personas con este síndrome, pueden cumplir diversos trabajos y estudiar, de hecho todos hemos visto con admiración diferentes notas al respecto, aunque también es verdad que no abunda la oferta laboral para ellos.

Y si la medida generó amplio rechazo en general, mucho más sucedió cuando se conocieron casos puntuales de discapacitados que se quedaron sin su pensión por tener un padre o cónyuge con un trabajo o una jubilación. Particularmente, creo que el otorgamiento de la pensión va más allá de la situación económica de la familia, puesto que el beneficio es personal para el discapacitado.

En Lobería y Necochea, fueron varios los casos de gente que sufrió la quita de la pensión y que aguardamos que ya en esta semana le sea restituida, tal como lo afirmó la ministra Stanley. Juan Teruggi es padre de un joven con discapacidad auditiva, que cuando acompañó a su hijo a cobrar la pensión se encontró con que no tenía el depósito realizado. “Lo más triste fue ver su cara cuando le explicamos que ya no tendría su pensión” contó angustiado y lleno de impotencia.

Este es apenas uno de los muchos casos que nada tienen que ver con lo expresado por algunos funcionarios, que alegan que existen pensiones otorgadas políticamente.

Es necesario que el actual gobierno se replantee diversas cosas, entre ellas, el hecho de cometer permanentemente errores de este tipo. Y debe tener en claro, que los ajustes no deben realizarse de manera despiadada…

 

CARLOS LABORANTI. Director Ejecutivo